Bueno con cuatro juezas creo que ya esta bien
Larita: entonces te pongo como juez fijo y listo XD...si algun dia no quieres votar me lo dices y listo
tranqui vane que yo te respondo.
Amos a ver:
Si quieres ser juez fijo pos ningun problema te pongo fija como a larita y listo
Por desgracia nop, o se es juez o se es participante.
Lo de los temas...mmm por mi no ahi problema lo que pasa es que si escojo yo los temas siempre no puedo participar aunque eso me da a mi que me lo voy a saltar a la torera si me gusta algun tema XD
Las votaciones: bueno..eso ahora va entre las cuatro juecas, asi que supongo que a base de mp la cosa ira la cosa.
El mes de marzo seguira adelante pero sin que me mandeis los mps, las cuatro juezas decidiran que hacer.
Parker dice que si queremos podemos hacer eso pero sino no pasa nada. Supongo que los challenger se podran hacer todos los que se quieran.
Bueno, ahora lo que si voy a cambiar. Como esto pasa ahora mismo a sesr una cosa mas seria pos en posteriores carpe diem se prescindira de el nombre del autor, lo cual significa que me madareis a mi el ff por mp y yo lo colgare sin decir quien es, asi de paso la intriga esta serviada hasta el ultimo momento XD
Aqui os dejo todos los carpe diems de marzo.
Titulo:
John WinchesterResumen: Sam tiene que aguantar a su padre despues de muerto
Tiempo: Mmmm....pos ...en cualquier momento de la segunda temporada.
Calificación: Nr-15
Pairing: Sam y Dean
Advertencias: Wincest light
Descargo de responsabilidades: Todo esto sale de mi perversa imaginación asi que cualquier relación con la realidad es pura coincidencia.
Sois los hijos de John Winchester. El mejor cazador que he conocido.
Sam había oído muchas veces ese comentario y ni una sola vez le dejaron de rechinar los dientes. La necesidad de espetarle al mediocre cazador de turno que John Winchester tenía un trabajo mucho más importante que el de cazador era tan apremiante que prácticamente tenía que morderse la lengua para no decirlo.
No porque a fuera a herir los sentimientos del capullo del momento sino porque heriría los de Dean y puede que Sam fuera un egoísta hijo de puta pero no lo era tanto.
No al menos desde lo del hospital.
Es curioso como una persona puede cambiar la perspectiva de toda una vida en pocos minutos. Antes de ver a Dean completamente lleno de tubos le importaba una mierda despotricar de su padre; es más, se recreaba en los detalles. Pero desde que lo vio allí. Al filo de la muerte.
No, simplemente no podía decir lo que pensaba de el. No podía responder a ese estúpido comentario como realmente quería; espetándole lo del maldito trabajo que era mas importante que la caza, que no resultaba ser otro que ser padre antes que cazador, por si no lo sabías. Ojala fuera solo ese pequeño detalle de la paternidad, de verdad, ojala Sam pudiera decir:
-¿Mi padre? Un buen tipo. Como padre un mierda pero por lo demás no estaba mal.-
Ojala que pudiera decirlo. ¡¡Dios, deseaba tanto poder hacerlo¡¡ Pero ¿Cómo podía decir algo que no sentía? Y no solo por el odio acérrimo que le tenía sino por….Como dejo a Dean cuando descubrió lo que había hecho.
Vender su alma.
Para salvarlo
Para Sam era un paso lógico a seguir. De hecho el mismo lo habría echo de habérsele ocurrido pero estaba demasiado preocupado en no separarse ni un solo instante de la cama donde yacía su hermano mayor. Pero para el cabezota de Dean fue como si su novia de toda la vida le hubiera puesto los cuernos con el más tonto del instituto.
Se sentía traicionado.
Dolido.
Violado.
Como si su padre no hubiera echo eso mismo. Al menos para la mente del joven cazador porque para la suya. Para la suya, Sam tenía que reconocer que le estaba terriblemente agradecido a su padre y reconocer eso después de veinticuatro años era de lo mas picajoso. No sabía que le dolía mas, si que estuviera en el Infierno o tener que darle las gracias por algo. Joder, es que….Toda su vida pensando que John estaba equivocado y ahora…ahora….
Bueno…. Al final tenia que reconocer que su padre había ganado. En todos y cada uno de los aspectos. Gano en lo de que tenia que cazar. Gano en lo de que no podía tener una vida normal. Gano en que la carretera seria su compañera de viaje y el Impala el mejor lugar donde podría conciliar el sueño.
Gano en todo eso.
Aunque esas cosas realmente eran insignificantes para Sam.
Porque Sam Winchester gano a John en lo realmente importante.
Tenía a Dean.
Y no precisamente de la forma en la que su padre deseaba, sino en la que EL deseaba.
-Por mucho que te mires en el espejo no serás tan guapo como yo.- se burlo Dean desde la cama.-¿Quieres dejar de contarte los granos y venir?
Sam sonrio divertido mientras se echaba una última mirada a si mismo, ampliando su sonrisa cuando vio la espalda completamente llena de arañazos y los hombros plagado de dentelladas.
Dean había resultado ser de lo más efusivo a la hora de revelar sus sentimientos.
Por eso Sam no podía odiar a su padre, no al menos tanto como cuando era pequeño. Porque si John Winchester no hubiese sido tan hijo de puta y tan mal padre, sino hubiera vendido su alma para salvar a uno de sus hijos, sino hubiera hecho nada de eso….Dean ahora mismo no se estaría acurrucando entre sus brazos protestando porque era un puto gigante, ni enroscaría los pies contra sus pantorrillas porque los tenia helados y el estaba ardiendo, ni mucho menos se dejaría besar hasta ponerse rojo.
Por eso el menor de los cazadores siempre encontraba un momento para rezar por su padre.
Porque gracias a John Winchester, Sam y Dean eran por fin SamyDean.
fin
Titulo:
VictoriaCalificación: TP
Tema: John Winchester (Carpe Diem de marzo)
Pairing: Nadie
Advertencias: NInguna
Descargo de responsabilidades: Los personajes son de la CW, hago esto sin ánimo de lucro bla bla bla bla...
VICTORIA
Su vida había sido un verdadero desastre. Desde aquel fatídico día. El día en que vio a su mujer pegada al techo y envuelta en llamas. El día en que aquel aberrante ser de ojos amarillos le arrebató la propia vida.
Porque ella, era su vida. Literalmente. No sabría cómo explicarlo, ni siquiera él lo entendía demasiado bien, pero siempre tuvo la sensación, de que ella le daba la vida, que seguía viviendo gracias a ella, y que sin ella su vida se desvanecería como un sueño al despertar.
Si John hubiera sabido que realmente eso era cierto... que ella le dio la vida, entregando a cambio algo que ni siquiera podía imaginar... Si John hubiera sabido que cuando alguien pacta con un demonio, a cambio de una vida perdida, su alma queda unida a esta vida para siempre... Si John hubiera sabido, que realmente el alma de Mary estaba atada a la suya, y se la llevó con ella el día que se fue...
Si John hubiera sabido todas esas cosas habría entendido por qué desde que perdió a su mujer, no era capaz de sentir nada. Nada a excepción de la ira y el odio que le nacía en las entrañas y le empujaba a buscar sin descanso al ser que se la arrebató, y que con ella, le arrebató su propia vida.
Pero John no sabía nada de eso. Lo único que sabía era que desde aquel infernal día, no había sido capaz de hacer nada que no fuera alimentar su odio día a día. A pesar de que tenía dos hijos de los que cuidar. Dos hijos que le necesitaban.
Cada noche se acostaba jurándose a sí mismo, que el día siguiente sería diferente. Que el día siguiente lo dedicaría a sus hijos. Que dejaría a un lado aquella obsesión enfermiza que le invadía y haría lo que racionalmente sabía que tenía que hacer. Cuidar de sus hijos, querer a sus hijos, vivir con sus hijos.
Pero cada día, volvía a despertar con la ira y el dio comiéndole las entrañas. Las entrañas de un cuerpo sin alma que se veía arrastrado a una persecución sin fin. Y aunque su mente le decía a gritos que ellos le necesitaban, que ellos merecían más, su cuerpo y sus entrañas, movidos por el dolor de la pérdida, le arrastraban fuera de la cama y le ponían una vez más un arma en la mano.
Y eso no era lo peor. Lo peor era que había arrastrado a sus hijos a aquel horror que llevaba viviendo más de veinte años. Les había entrenado, adoctrinado, aislado del mundo, haciéndoles caer en la vorágine de aquella locura que le consumía cada día un poco más.
Había pasado de arriesgar su vida, a arriesgar la vida de sus hijos. Y después de cada cacería, después de cada ser aniquilado, se odiaba a sí mismo por hacer lo que estaba haciendo. Por no poder evitar que su alma, perdida con la de Mary en algún lugar más allá de ese mundo, le empujara cada día al abismo, pidiéndole venganza, reclamándole justicia.
Y en aquel momento, cuando sintió que su corazón se paraba, cuando escuchó su último latido, y vio pasar ante él toda aquella vida de desesperación, solo pudo sonreír.
Porque por fin, por una vez desde aquel aciago día, pudo sentir que había ganado a las sombras, arrebatándoles de las manos su nuevo trofeo. El alma de Dean.
Sintió la felicidad de saber que había intercambiado el alma del hijo, al que nunca fue capaz de cuidar, por su cuerpo. Un cuerpo vacío, asolado y sin nada que ofrecer.
Y sintió por fin, que volvía a ser un padre. Un padre que se ocupa de sus hijos, un padre dispuesto a dar la vida por ellos. A hacer lo que fuera por mantenerlos unidos. Porque sabía, que solo se tenían el uno al otro, y sabía que igual que la muerte de Mary acabó con su vida, la muerte de uno de sus hijos acabaría con la vida del otro.
Y aunque quizás era demasiado tarde, quizás el daño hecho era demasiado grande, consumió su último aliento rezando, para que algún día, ese futuro juntos que les estaba brindando, pudiera hacer que sus hijos le perdonaran aquellos veinte años de vida miserable.
Y en su fuero interno supo que lo harían. Antes de caer en el abismo más negro, supo que podía anotar aquella batalla como ganada. Y se lanzó a la oscuridad con la sonrisa de la victoria dibujada en su cara. Con la sensación de la batalla ganada inundando su cuerpo, que por fin descansaba en paz.
FIN
Titulo:
Noviembre Personajes: John y Mary Winchester
Clasificación: Todo Publico
Tiempo: Pre-serie (cuando las cosas era tan lindas)
Nota: John y Mary se aman tanto que son uno solo (como Sam y Dean pero versión hetero xD )
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La primera vez que la vio era de noche, él estaba saliendo del taller de su padre y ella pasaba por la calle, justo al frente, fue como si las estrellas que iluminaban el cielo dejaran de existir, aquella chica rubia y pequeña seguramente les había robado toda la luz.
Al parecer ella no notó su presencia porque siguió de largo con su caminar seguro y una expresión serena en el rostro adornado con una muy suave sonrisa, quizás iba pensando en como había resultado su día. John veía muchas mujeres bonitas, había estado con unas cuantas pero nunca había sentido esa cosa tan extraña que le recorrió el cuerpo en ese instante
Coincidieron muchas veces, casi siempre iba sola, pero cuando pasaba con alguna amiga John tenía la oportunidad de escucharle reír y resultaba ser aun mejor de lo que nunca imaginó. Sus miradas llegaron a cruzarse convirtiéndose en una sutil invitación, sin embargo en ningún momento hablaron, no hasta aquella fría noche de noviembre. Ella llevaba unos libros en la mano, bella como siempre, cualquiera diría que al verla tantas veces dejaba de causar el mismo impacto pero no era así, verla siempre le hacia sentir como si fuera la primera vez, las mismas ganas casi incontrolables de ir hasta donde estaba y decirle que quería tenerla en su vida para siempre
- Y aun así no te atreviste a hablarme – repuso incrédula – si es que hasta me dediqué a pasar por ahí prácticamente todos los días
- Pero es que… - estaba a punto de justificarse cuando analizó bien lo que ella le había dicho – un momento, ¿lo hacías apropósito?
- Claro, ¿nunca te lo dije? – preguntó ella riendo y sentándose en su regazo – te había visto en la cafetería, le pregunté a Leyla por ti y ella me dijo que tu padre era el dueño del taller mecánico, me imaginé que tu también trabajas ahí o por lo menos ibas seguido, así que decidí pasar
- ¿Me investigaste? – quería sonar ofendido pero la vedad es que esa frase ahora pasaba a formar parte de las cosas mas maravillosas que le había dicho Mary en su vida. La primera fue: “puedes compensarme con un café”, luego “sí, acepto”, después “estoy embarazada” y la otra “Dean va a tener un hermanito”. El día de su muerte eran todas esas palabras las que iban a resonar en su cabeza como un cantar angelical que le haría bajar satisfecho a la tumba
- Increíble que tuve que pedirte salir
- Hey, hey – dijo frunciendo el ceño – tu no me pediste salir
- Te dije que la forma de compensarme por tirarme los libros era invitándome un café, John – aclaró – eso fue prácticamente invitarte a salir. De no ser por eso de seguro aun estaría pasando frente al taller como una idiota a esperar que te animaras
- ¿Aun estarías haciéndolo? – preguntó halagado
- Um… bueno, no sé. Quizás estaría casada con mi vecino Erick (su padre era amigo del mío) y tu tal vez ya te habrías recuperado
- ¿recuperado?
- Mi paciencia estaba terminándose John, quería partirte las piernas en dos por no actuar, y si me tocaba quedarme con Erick júralo que antes iba y te dejaba medio muerto
- No lo harías – dijo el rodeándole la cintura con su fuertes brazos – no le harías daño a nadie y menos a mi, me amas mucho
Mary sonrió pero de inmediato desvió la mirada. Había tantas cosas que quería decirle a su esposo, hablar de su pasado, de las bestias que cazaba su familia, de la forma en la que murieron sus padres, pero no tenía derecho a arruinar así la vida de ese hombre al que tanto amaba y que día a día la hacia tan feliz, a ella y a sus pequeños; Sam y Dean, ellos también merecían una vida normal, ella se encargaría de dárselas.
John notó el pequeño cambio en el estado de animo de su amada esposa, sabía que Mary se culpaba por la muerte de sus padres, lo que no tenía claro era el porque. Estaba seguro de que todo fue un fatídico accidente, aunque de aquella noche recuerda muy poco. Su Mary nunca haría nada para dañar a nadie, menos a su familia. Solo hace falta prestar atención a la forma en la que ve a sus hijos, la forma en la que lo ve a él para darse cuenta.
Tomó su dulce rostro entre sus manos para ver esos perfectos ojos claros, le sonrió como una forma de hacerle entender que la amaba más que a nada en el mundo, hace pocas semanas dio a luz al pequeño Sammy y estaba más hermosa que nunca, cosa que John pensaba era imposible. Le dio un beso tibio en los labios y se quedaron así un rato, abrazados, disfrutando el uno del otro aprovechando que ambos niños estaban dormidos.
John no puede pedirle nada más a la vida. Tiene todo lo que soñó tener y lo más importante es que tiene años por delante para disfrutarlo
Fin
Título:
Odio.Calificación: Todos los públicos.
Resumen: Una carta.
Tema: Drama.
Estado: Finiquitaó.
Este Carpen Diem se ha escrito con la ayuda de Joaquín Sabina, con “Y sin embargo” y “Contigo”.
¡Que lo disfrutéis!
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Te odio.
No sé como lo he hecho, pero con el paso del tiempo te odio cada vez más.
Hubo un tiempo en el que te amé, perdidamente, con desesperación. Un amor que te llena por dentro pero, que en verdad, no completa nada.
Porque no había nada que completar hasta que llegaste tú, acomodándote ahí dentro, en un pequeño hueco que con el paso del tiempo se fue haciendo cada vez más grande. Pero te fuiste y el hueco no desapareció, sino que siguió tan grande como lo dejaste. No se deshizo, el muy maldito, pero se llenó de algo que escocía como el vinagre y quemaba como un hierro candente.
Y dolía. Mucho y todo el rato, de manera continuada y punzante. A veces dolía menos, pero en esos momentos sabía más a agua salada y a humedad, que dejaba pegajosas mis mejillas, y las marcaba, con un reguero invisible de desesperación.
Me gustaría decirte tantas cosas, pero sólo puedo repetir que te odio. Con todo mi corazón. No porque te has ido, por eso no puedo culparte. Ni se me ocurriría hacerlo. Sé que eres victima de algo que, aún a día de hoy, no comprendo.
Pero eso no evite que te odie.
Te odio por lo que te has llevado contigo.
Porque, al morirte, me has matado.
Sigo andando, pie tras pie, día tras día, recorriendo distintos caminos, pero soy algo más parecido a una autómata que al un hombre que un día fui. Ese hombre del que te enamoraste, el que te podía dar un futuro con una casa que poseyera una valla blanca y un gran jardín. Y sin embargo, el único futuro que pude darte fue una escena grotesca que me acompaña cada vez que mis ojos se cierran.
No voy a entrar en los horribles detalles ni en lo que sentí cuando te vi allí, en el techo, con el vientre abierto y tu camisón blanco teñido de rojo. Sangre colándose por la fina tela que te cubría el cuerpo, escapándose a la velocidad que tu vida se colaba por la herida.
Escapándose a la velocidad que tú te ibas de mi lado.
Esa escena, que parece sacada de una novela negra, se convirtió en el inicio de mi cuento de terror. Personal y escrito con tinta de color ocre, perteneciente a la sangre que he visto manar desde heridas de gente conocida y de gente que me era indiferente.
Demasiadas heridas.
Demasiada sangre.
No quiero decirte que te odio, pero lo hago todos los días de mi vida. Porque tan sólo soy un pobre desgraciado que sobrevive en este mundo sin querer vivir.
Podría haber buscado el amor en otro sitio. A lo mejor no amor, pero sí una buena chica, de sonrisa dulce, que me ayudara a criar a los niños y me diera el cariño y la estabilidad que me dabas tú cuando estabas. Alguien que me dijera que todo iba a estar bien, que las cosas oscuras siempre desaparecen con la llegada de la aurora.
Pero no lo hice. Era lo más fácil, pero no lo hice. Porque las cosas oscuras no se van al amanecer y porque no podría acostarme al lado de una persona y despertarme con ella habiendo pasado toda la noche contigo.
Porque, cada noche sueño contigo.
Cosas tranquilas, que lo son por el mero hecho de que llenas mis sueños con palabras dulces y besos suaves.
Luego despierto y descubro que el mundo sigue igual de terrorífico a como lo dejé ayer. Eso hace que me enfade porque todo está pintado con tonos grises. Menos mis sueños, en donde dejo que tú y algunas acuarelas se encarguen de todo.
También te odio por eso. Por haberte llevado el color que llenaba todo mi mundo…
Bueno, miento. Has dejado algunos colores, reflejados en ojos verdes y grises a ratos azulados y a rotos verdosos.
Pero sigues sin ser tú, y aunque intentan llenar tu hueco, este sigue siendo demasiado grande para ellos.
Por eso te odio. Te odio porque soy un egoísta, porque te necesito aquí, cada mañana, porque necesito abrazarte con fuerza. Necesito saber que eres real.
Lo intento en mis sueños, pero te confundes con el aire, hasta desaparecer, antes de que mis brazos alcancen a rodearte la cintura.
Te odio porque eres tan sólo un recuerdo, una imagen que va perdiéndose entre otras imágenes que guarda mi memoria. Por el día apenas recuerdo el sonido de tu voz, y sin embargo, por la noche esta inunda mi cabeza con tu melodiosa risa.
Por todo esto te odio.
Unos días mucho, otros días poco.
Pero te odio.
Y, sobre todo, te odio porque no puedo dejar de amarte.
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Madrid
12-3-09.
"Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren".
J. Sabina, "Contigo" en Yo, Mi, Me, Contigo.
Título:
Sentimientos prohibidosEstado: Oneshot (completo)
Pairing: John/Sam
Rate: NC-18
Advertencias: Angst, incesto, intento de violación...
Disclaimer: Los personajes no son míos y no obtengo beneficio alguno de esto, excepto mi satisfacción personal y esas cosas XD
SUGERENCIAS DE MÚSICA:
http://www.goear.com/listen/67a298f/So-far-away-Crossfadehttp://www.goear.com/listen/4735e12/Breath-me-Sia-FurlerY antes que nada... agradecer a Parker su corrección! Graciassssssssss
Sentimientos prohibidos
Sentía que no debía hacerlo, que era algo que le estaba prohibido... pero aún así se acercó sigilosamente y se sentó sobre la mullida cama, admirando ese gran cuerpo en la oscuridad... ¡cuánto había crecido!
La última vez que lo vio era un adolescente torpe y patoso, un empollón, un niño adorable, desgarbado e imberbe... pero ahora era todo un hombre... tan alto, tan guapo, musculoso, de espaldas anchas...
Elevó una mano pero paró en seco, no podía hacerlo, no podía tocarle... Se levantó intentando no hacer ruido pero golpeó la mesita con la rodilla y Sam despertó.
-¿Qué pasa papá? –preguntó rascándose los ojos.
-Nada hijo... nada, he tropezado –se excusó sonrojándose por su torpeza- Vuelve a dormirte.
Sam se giró en la cama y se destapó hasta la cintura, John se mordió los labios y lo miró... la camiseta medio subida, dejando ver la parte baja de la espalda y el pantalón ligeramente bajado mostrando la cinturilla del bóxer. John gimió y se fue al baño. ¡Qué tortura! Era su hijo... sangre de su sangre... no podía desearle así... ¡estaba mal! Pero no podía controlarse. Tenía que aguantar, al menos hasta que llegara Dean.
Sí, estaban solos en el pequeño cuarto del motel. Dean había salido al bar. Quería acompañarle pero en el último momento había puesto una excusa barata y se había quedado... Últimamente Dean no salía mucho así que decidió quedarse para poder estar con Sam. En ese momento se arrepintió de haberlo echo pues el susodicho soltó un sonoro suspiro mientras se recolocaba en la cama.
Salió del baño y lo miró curioso. Estaba dormido con una gran sonrisa pintada en la cara, se sentó en la cama de nuevo, con cuidado de no despertarle. Su corazón se encogió al rozar la piel de los brazos con la yema de los dedos. Tan suave, tan tersa... y esos músculos, tan duros...
Su cuerpo se estremeció cuando, al rozar la tibia piel del cuello, Sam gimió. Volvió a acariciar el cuello, el mismo resultado. Lo repitió una y otra vez, intoxicándose con los gemidos. Se acercó más y le pasó la mano por el pecho. Se obligó a no mover la mano, pero no pudo hacerlo, la deslizó arriba y abajo notando como Sam se estremecía y gemía.
Su mano chocó contra la cinturilla del pantalón pero al bajar la mirada se quedó completamente quieto. Sam estaba empalmado... Quería tocarle, besarle,... ¡joder! ¡Quería hacerle lo inimaginable! ¡Lo indecible! Pero no podía hacerlo... no podía pasar. Gruñó de rabia.
Tenía que irse de allí, inmediatamente.
*************************
Apagó el móvil. Lo había encendido por si había algo de importancia vital pero sólo eran mensajes de Dean y Sam preguntándole porqué se había ido. Ya hacía una semana que había huido. No iba a volver... si lo hacía estaba seguro de no poder controlarse. Y no quería herir a Sam... No es que quisiera hacerle daño... sólo quería tenerlo, hacerlo suyo, enseñarle, mostrarle con hechos lo que no podía decir con palabras. Pero estaba seguro de que Sam, después de eso, no querría volverlo a ver en la vida.
No podía evitarlo, le quería, le amaba...
Sam había crecido tanto, se había hecho tan alto, tan guapo...
Entró en un bar y pidió una copa. Esos labios. Otra copa. Ese cuerpo. Otra copa. Esa maldita erección que le había estado atormentando por las noches.
-Déme la botella... –dijo John tambaleándose. La cogió y se fue hasta su coche, una vieja chatarra que había pedido prestada a Bobby. Cogió la carretera y comenzó a conducir dando tumbos, haciendo eses. Hasta que al final no pudo más y paró a un lado de la carretera.– Sam... Sammuel... –gimió bajando su bragueta y acariciándose.
Lloriqueó al notar lo duro que estaba y comenzó a masturbarse con fuerza, rápido, cuanto menos durara mejor. Ya se le hacía difícil pajearse pensando en su hijo como para encima estar media hora así. Las dos últimas sacudidas fueron brutales. Levantó las caderas y se corrió, gruñendo, sobre su camisa. Se la quitó y la lanzó a un lado del coche, aún le quedaba la camiseta interior.
Volvió a pisar el acelerador y se metió en la carretera de nuevo, esquivando a los coches que venían de frente, gritando enfurecido por sentirse tan bien, debería sentirse mal después de haber hecho eso pero no... Se sentía de maravilla. Volvió a esquivar a otro coche “Estás loco” le gritó el otro conductor. Se había metido en el carril contra dirección. Rectificó y siguió su camino. Encendió el móvil de nuevo y vibró, avisando de un mensaje. Buzón de voz
“Papá... por favor oye el mensaje. Soy yo, Sam. ¿Por qué? ¿Por qué él? ¿Por qué te fuiste así, papá? De repente... me desperté y te habías ido sin dar ninguna explicación. Dean se ha ido a buscarte y... ”
Cerró el teléfono y lo lanzó contra el asiento trasero. ¿Por qué tenía que poner esa voz? Tan dulce, tan triste... De un volantazo giró y cambió de sentido. No podía alejarse, sabía que cada vez que Sam le pidiera que fuera, él iría. Le era imposible, le necesitaba cerca aunque ello fuera una tortura para él...
Paró delante del hotel, pero no bajó. Cogió la botella, que estaba en el asiento del copiloto, y echó un buen trago. Calma... calma...
Salió del coche y se metió las llaves en el bolsillo del pantalón. Picó a la puerta, arrepintiéndose una vez más de no tener voluntad. Sam abrió y se abalanzó encima de él rodeándole con los brazos, haciéndole sentir culpable otra vez por necesitarle tanto.
-Lo siento... lo siento... perdóname... lo siento –repetía John una y otra vez.
-¿Por qué? –preguntó Sam. Él no respondió, sólo le agarró la cara y le besó. Gimió al notar esos finos labios contra los suyos. Mordió y lamió, notando como el cuerpo al que agarraba con fuerza se revolvía inquieto. Sam le golpeaba en el pecho, tratando de alejarlo sin mucho éxito. Afianzó el agarre y le besó con fuerza, haciéndole daño.
-Déjame –gritó Sam enfadado entre beso y beso. Su padre había bebido, estaba borracho y le estaba besando...
-No –hizo una llave a Sam, retorciéndole el brazo detrás de la espalda y lo pegó a la pared de cara. Aplastándole la mejilla contra el marco de la puerta, todavía abierta- Me has pedido que vuelva, ahora no me pidas que me aleje –le susurró al oído, lamiéndolo y luego bajando por el cuello, dando mordiscos.
Intentó zafarse del agarre pero no podía, conocía todos sus movimientos... evidentemente, pues había sido su padre el que le había enseñado a luchar, era inútil intentar sorprenderle. John bajó un mano hasta la cadera oyendo súplicas de Sam “No... papa... no... por favor” repetía con la voz quebrada mientras una lágrima resbalaba por su mejilla al tiempo que una mano se colaba en sus pantalones, tocándole.
Se odiaba, era despreciable... podía haber parado cuando lo había besado, inventarse alguna excusa... pero ahora era demasiado tarde, aunque parara, Sam no se lo perdonaría nunca. Además, su piel era tan suave, había crecido tanto... Movió la mano bajo los pantalones, acariciándole la polla por encima de la tela.
No deberías vivir, eres asqueroso... es tu hijo -se repetía una y otra vez
Tan duro... tan... tan grande... Gimió y metió la mano dentro de la ropa interior, notando la piel bajo su mano, notando como ese miembro se endurecía, se calentaba y crecía.
Sam gimió y lloriqueó, quejándose y suplicándole que parara, que no le hiciera eso... John se separó... otra vez eso, de nuevo carcomiéndole: culpabilidad. El teléfono de Sam sonó sobresaltándolos a ambos. John aprovechó y salió por la puerta, dispuesto a no volver jamás.
*************************
Sam lloraba encogido y hecho un ovillo bajo las sábanas. Dean dormía plácidamente en la cama de al lado. Pero él no podía dormir, no después de lo que pasó con su padre. Ya hacía dos meses que se había largado, mucho tiempo desde aquello, eso de lo que no quería hablar nunca. Dean le había preguntado muchas veces pero él nunca había respondido.
Aquella noche, en cuanto cogió el teléfono, su padre se fue. Dean le hablaba desde el otro lado de la línea telefónica pero él no podía hablar sólo sollozaba e hipaba. Dean llegó, preocupado, y lo abrazó. Pero no se calmó hasta pasada una semana. Y aún ahora recordaba todo lo que había pasado. Se sentía mal... se sentía sucio... y, sobre todo, echaba de menos a su padre...
Era irónico pero en realidad no lo odiaba, como dejaba entrever siempre que se encontraban, y tampoco le tenía rencor por la discusión... Sonrió amargamente al recordad cuando comenzó todo... La discusión la provocó él... Él y sólo él. Lo hizo porque quería una excusa para largarse de allí... porque no podía soportar estar cerca de su padre... no sin pensar cosas que no debía...
Le deseaba... le deseaba de verdad... no era lo que un hijo debería sentir hacia su padre... le quería de manera enfermiza y posesiva. Cuando era más joven creía que se le pasaría, que era un “cuelgue” como su hermano se refería a muchas de las chicas con las que iba a dar una vuelta. Pero poco a poco fue empeorando y un buen día entró en el motel de turno, antes de tiempo, pues el profesor estaba enfermo y no tenían clase, y al entrar oyó gimoteos y respiraciones entrecortadas en el baño... se acercó, curioso, y vio a su padre con una mano apoyada en el lavabo y la otra moviéndose rápidamente sobre su polla.
Parpadeó varias veces y tragó saliva, pero tenía la garganta seca... rasposa... su padre gruñó y comenzó a susurrar cosas que no alcanzaba a oír, porque lo único que oía era su corazón latiéndole desbocado. John se tensó, agarrando el mármol con fuerza y gritó... Sammuel... gritó su nombre...
Sam se fue y volvió horas más tarde, haciendo ver que nada había pasado. Semanas más tarde no podía más y fue cuando decidió huir, dejar todo atrás, intentar olvidar. Discutió con su padre y se fue a la Universidad.
Se sentía culpable, sabía que su padre le deseaba, el sentimiento era mutuo... pero no podía... estaba prohibido, pecado, era algo por lo que se condenarían a ir al infierno con el peor de los castigos... Pero le echaba de menos, cada minuto, cada segundo que pasaba alejado de su padre era una tortura.
Esa noche que llegó borracho... no quería que pasara nada porque sabía que si ocurría algo acabarían marcados, para siempre... no habría vuelta atrás...
Si su padre hubiera insistido un poco más no se habría negado, habría acabado sucumbiendo, pero sonó el móvil... y su padre se fue. Sam sabía que su padre no pensaba volver.
Gruñó y mordió la almohada, rezando por quedarse dormido y no soñar otra vez con las manos de John recorriendo su cuerpo.
*************************
John se levantó de la cama con dolor de cabeza, cosa habitual en esos últimos meses. Durante semanas no pudo dormir toda la noche, se despertaba muchas veces, sobresaltado por los sueños o simplemente no podía dormir. Era una pesadilla... finalmente, cuando ya no pudo más, un médico le recetó unos somníferos. Por fin podía dormir, lo malo eran los dolores de cabeza... malditos efectos secundarios...
Cada día era peor que el anterior, y cada sueño más desdibujado... ya no recordaba el tacto de la piel de Sam... Dos putos meses alejado de él... un infierno. Se frotó los ojos y se sentó al borde de la cama, molesto por no poder recordad lo único que merecía la pena...
Salió del motel como cada mañana y fue al bar más cercano, cogió el periódico e hizo su pedido. No había nada en los periódicos... ¿por qué, con todo el tiempo que tenían, los puñeteros demonios habían decidido darles descanso ahora? Justo cuando lo que él necesitaba era exorcizar varios miles de demonios y decapitar unos cientos de vampiros...
Suspiró pesadamente, se pondría al volante, como siempre hacía cuando quería relajarse.
Carretera y velocidad.
*************************
-Sam, ¿algún día me dirás qué te pasa? –preguntó Dean preocupado por su hermano- Casi no comes, no duermes... simplemente te dedicas a hacer lo que te digo: dúchate, vamos al bar, vamos a cazar... y me sigues sin más... Estoy muy preocupado... ¿qué pasó?
-No... déjame... –susurró Sam dolido, no le gustaba que Dean le preguntara por lo que pasó.
-Sam, por favor... Si papá te dijo algo que no debía o hizo algo dímelo. ¿Qué te pasa?
Sam se dio la vuelta en la cama, no quería hablar de ello. Dean se dio por vencido y salio de la pequeña habitación. Vio a Bobby prepararse un café y fue a hablar con él.
Hacia un mes aproximadamente que habían decidido ir a vivir con Bobby una temporada. Él no podía cargar con Sam solo, necesitaba a alguien más. Bobby les llamó un día para que le ayudaran con un caso y Dean aceptó encantado, por fin algo de distracción... Con Sam no habían salido a cazar en dos semanas...
-Hey Bobby –saludó cogiendo una taza y la cafetera para ponerse un café.
-Hola. ¿Qué tal está...? –preguntó preocupado. Dean suspiró y se llevó su taza al sofá, sentándose.
-Igual que desde hace dos meses... y cada vez está peor... sigue sin dormir bien y casi no come...
-Tenemos que averiguar que le pasó. Intenta hablar con él y... –Bobby se acercó al sofá y se apoyó en uno de los laterales.
-Ya lo he intentado, muchas veces, pero nunca me responde. Gira la cara hacia otro lado y calla –gritó Dean con ira.
-Tranquilízate... voy a intentar mandar un mensaje a tu padre o contactar con el de algún modo...
-Ya lo he intentado, pero no responde, nunca. –contestó bajando la cabeza, mirando al suelo.
-Lo intentaremos... hasta que todo esto se aclare.
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Otro mensaje de voz... lo abrió, dispuesto a borrarlo pero no era de sus hijos, preguntándole como siempre por qué se había ido. Era de Bobby. Estaba preocupado por Sam, le preguntaba que qué cojones le había echo al muchacho para que no comiera ni pudiera dormir. John cerró los ojos intentando calmarse pero se levantó de repente, furioso y le dio una patada a la mesita de noche, a la que le rompió un cajón.
Miró la madera, rota por la mitad y los pequeños trozos rotos que adornaban el suelo cerca de la mesa. No iba a volver pero tenía que hacer algo, no quería que por su error la pagara Sam. Se supone que Sam debería odiarle, estar furioso, debería estar preparando un arma para ir a por él y exigirle a punta de pistola una explicación, o matarle directamente. Pero no, Sam estaba en la cama todo el día, sin pegar ojo y sin comer... y todo por su culpa...
Cogió el teléfono y marcó el número de Sam. En cuanto lo cogió, comenzó a hablar deprisa, entre disculpas y suplicas, con el corazón en la mano, con la voz dolida por la lejanía, con el cuerpo temblando ante el recuerdo de esa voz que al otro lado de la línea susurraba palabras sin poder acabar de hilar una frase. Antes de colgar le dijo que olvidara lo que había ocurrido y que por favor lo recordara como el mal padre que había sido toda la vida, pero al fin y al cabo un padre que quería mucho a su hijo.
Lanzó el móvil en la cama y volvió a patear la mesita de noche una y otra vez convirtiéndola en un montón de astillas mientras gritaba enfurecido por ser como era.
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Era ya de noche, muy tarde, Dean dormía plácidamente en la cama de al lado y Bobby roncaba en su habitación. Se levantó sin hacer ruido y se acercó al sofá, allí estaba: la cazadora de cuero de Dean. Metió la mano en los bolsillos rebuscando, intentando encontrar las llaves del Impala.
El motor rugió y pisó el acelerador con saña. Quería encontrar a su padre pero ¿cómo saber dónde estaba? Podía estar a miles de kilómetros... Salió en la primera salida que encontró y se metió en un bar, dando la descripción de su padre y preguntando si alguien lo había visto, pero no tuvo suerte. Salió se sentó en el coche... era como buscar una aguja en un pajar... Dos, tres bares... nada... ni siquiera en los moteles más cercanos.
Comenzaba a estar preocupado... ¿y si le había pasado algo la pasada noche después de llamarlo? ¿Y si se había hecho algo? No... Eso nunca... Un escalofrío le recorrió el cuerpo... Se sentía impotente... Con lo mucho que le había costado tomar la decisión de ir a buscar a su padre y ahora se daba cuenta que encontrarlo era una tarea imposible.
De pronto sonrió, recordando las palabras de su padre “No me busques” y ¿qué hacia él? Ir a buscarlo... Rió amargamente pensando que por mucho que quisiera no podría encontrarlo cuando, rebuscando en la mochila para encontrar un paquete de tabaco (solía fumar cuando estaba al borde de un ataque de nervios), su mano chocó el móvil. Lo sacó y buscó el número de su padre, tal vez si le llamaba...
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John estaba tirado encima de la cama de aquel viejo motel. Era el quinto motel en dos meses... estaba harto de todo... Como cada noche antes de ir a dormir encendió el teléfono móvil y miró las llamadas y los mensajes por si eran urgentes: Dean, Bobby, Dean, Dean, Bobby, Bobby y... ¿Sam? ¿Sam le había llamado? ¿Por qué? ¿Y si le había pasado algo?
Se sentó en la cama con el móvil en la mano, ¿qué hacer?. Se acercó a la pequeña y sucia nevera y sacó una cerveza... si no podía dormir al menos haría algo. Encendió la tele y se estiró en la cama pegando un buen trago a la cerveza, fría, que le refrescó un poco la garganta. AL cabo de un rato ya no podía más, cogió el teléfono y marco el número de Sam, rezando porque no fuera demasiado tarde.
“-¿Sí? ¿Papá? –preguntó la voz de Sam al otro lado.
-¿Porqué me has llamado? ¿Ha pasado algo?
-Sí, pero ahora no puedo hablar, estoy conduciendo... dime dónde estás y voy para allí enseguida.
-En el motel Alner, la cuarta salida de la interestatal que pasa por el motel donde estábamos la otra vez...”
Sam colgó y pisó el acelerador con una sonrisa pintada en los labios, le sabía mal engañar a su padre de ese modo pero era la única manera de descubrir dónde estaba.
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John abrió la puerta al oír los golpes urgentes de Sam, que, en cuanto abrió la puerta, entró rápido.
-¿Qué ha pasado? –preguntó John angustiado por no ver a Dean allí- ¿Y Dean? ¿Le ha pasado algo?
-No, no le ha pasado nada papá. Es más, en realidad no ha pasado nada...
-¿Qué? Entonces... ¿qué haces aquí? –preguntó John extrañado. Sam se le acercó y posó una mano sobre su hombro.
-Papá... ¿por qué te fuiste otra vez? ¿Por qué no quieres verme?
-Porque me recuerdas que soy un monstruo... no es normal desear a un hijo como yo te deseo a ti... y no quiero hacerte sufrir, ya lo hice una vez y no hay día que no me lo recuerde... –dijo John girando la cara y apartándose de Sam.
-Papá... ¡no hiciste nada por lo que debas culparte! No te culpo por ello... porque era lo que yo quería también... pero no quería aceptarlo porque está mal... pero ya no me importa, ahora me da igual, porque es todavía peor estar separado de ti. Podría aguantar todos los castigos del infierno por haber pecado contigo... pero no podría vivir sin verte todos los días –dijo avanzando hasta su padre y abrazándole posesivamente.
-Pero Sam, no podemos. Como tú has dicho: Está mal. Es pecado, y no quiero que te corrompas de ese modo. Eres mi hijo. Por mucho que te desee no puedo hacerlo –sentenció separándose y volviendo a abrir la puerta- Será mejor que te vayas y olvidemos esto.
Sam cerró la puerta de un portazo. No aguantó más los argumentos de su padre y se acercó a él, pasándole los brazos por detrás del cuello y besándole suavemente. John se quedó completamente rígido ¡Sam le estaba besando!... por iniciativa propia... así que respondió al beso con ganas, saboreado esos labios que se le ofrecían sin reservas. Abrió la boca y atrapó el labio inferior de Sam con los dientes, tironeando con suavidad y lamiéndolo lentamente... disfrutando de lo que tanto se negó y le fue negado. Sam gimió cuando lo agarró de la cintura y lo pegó a su cuerpo.
Cuando su padre dejó de juguetear con su labio apretó más el agarre en su cuello y hundió la lengua en esa húmeda boca, su padre ahogó un gemido al rozar su lengua. Pronto el beso se tornó más apasionado... Sam notaba la barba de John raspándole pero aún así no aflojó el agarre, le besó con más ímpetu mientras lo arrastraba hasta la cama.
John retrocedió a trompicones hasta la cama, dejándose empujar por Sam, notando ese cuerpo caliente rozarse contra el suyo, restregándole la entrepierna contra el muslo... Sam cayó encima de él y comenzó a tirar de su camiseta hacia arriba.
Se sentó sobre las caderas de su padre y terminó de quitarle la camiseta. Luego agarró los bordes inferiores de la suya y tiró hacia arriba para quitársela, mientras lo hacía notaba las manos de John acariciarle los abdominales, los costados, los huesos de la cadera... tiró la camiseta lejos, puso las manos en el pecho de su padre y, mordiéndose los labios, comenzó a hacer suaves movimientos de cadera, notando como la erección de John crecía y se endurecía contra su culo. Mientras Sam hacía esos movimientos sobre él, arrancándole suspiros y gruñidos él le acariciaba el pecho, pellizcándole los pezones y bajando hacia abajo, hasta chocar con el pantalón, entonces cerró la mano sobre la entrepierna de su hijo y comenzó a frotar poco a poco, pero luego fue subiendo el ritmo a la vez que los movimientos de Sam se hacían cada vez más desesperados.
Cuando ya no lo soportó más cerró las manos en el cinturón de John y se lo quitó, desabrochando luego los pantalones y se los quitó poniéndose a cuatro patas sobre él. Contemplaba el cuerpo desnudo que tenía debajo, aguantando las ganas de morderlo hasta no dejar ningún trozo de piel sin marcar.
John cerró la mano sobre la nuca de Sam y sonrió, elevando una ceja y haciendo presión hacia abajo con la mano, acercándole la cara a su polla. Sam sonrió y comenzó a dar cortas lamidas, haciéndole suspirar... tanto tiempo soñándolo, tanto tiempo deseándolo... Le lamía poco a poco, torturándolo... pero por fin se metió su polla en la boca y succionó con ganas, eso le hizo doblar los dedos de los pies y morderse el labio... jodido crío... cómo la chupaba...
Se mordió el puño cuando notó la legua de Sam jugando con la hendidura de su polla, pasando la punta a lo largo del glande, haciendo círculos, succionando y besando. Llevó las manos hasta el culo de su hijo y las cerró sobre esas perfectas redondeces, sobando con desesperación.
-Para... Sam... Por favor... –jadeó John. Sam dejó ir su polla y se lamió los labios descaradamente. Luego se levantó y sin dejar de mirarle un segundo se quitó lo que le quedaba de ropa. Luego volvió a sentarse encima, pero John invirtió las posiciones dejando a Sam contra el colchón.- Ahora viene lo bueno... –le susurró antes de separarse de él e ir bajando hasta tener la entrepierna de Sam enfrente.
Contrariamente a lo que creía Sam ninguna boca se cerró entorno a su polla. Lo que si que notó fue como su padre le cogía los tobillos y le hacía levantar las piernas, doblándolas hasta que sus rodillas le tocaron el pecho.
John bajó la cabeza y se lamió los dedos. Los acercó a la entrada de Sam y metió uno dentro... luego dos... metiéndolos y sacándolos, girándolos y doblándolos...
Ninguno habló, sólo se oían jadeos, gemidos y gruñidos. John acercó sus caderas a Sam y poco a poco metió la punta. Estaba todavía muy estrecho pero no podía aguantar más, lo necesitaba ya. Sam le agarró las caderas con las manos y le rodeó la cintura con las piernas, tirando de él para que se la metiera más adentro.
Las primeras embestidas, lentas, le hicieron ver las estrellas, giró la cabeza y atrapó los labios de Sam entre los suyos.
Sam le agarró de la espalda y lo apretó aún más con las piernas, posesivamente. Movía las caderas despacio y le arañaba la espalda mientras gimoteaba y le decía que fuera más rápido. John no pudo negárselo y recrudeció el ritmo de las embestidas enterrando la cara en el cuello de Sam, mordiendo y lamiendo. Temblaba y se estremecía notando la presión que ejercía Sam sobre su polla... estaba tan estrecho que hasta dolía, pero eso era lo más delicioso que había probado nunca... Notar esos arañazos en su espalda, esa presión es su polla, esos gemidos en la oreja... sobretodo los gemidos... la voz ronca de Sam pidiéndole más era de lo más erótico... sin contar el hecho de notar cómo se arqueaba a cada embestida...
-Más, joder... ¡más! ¡No pares! –gritó Sam mordiéndole el hombro. John se enterró más duro y más profundo. Sam temblaba de pies a cabeza y le arañaba la espalda con fuerza, John notó como se estremecía bajo él y luego enterraba la cara en su cuello lloriqueando al correrse con fuerza entre los dos. Los músculos de Sam se contrajeron violentamente alrededor de su polla haciéndole gemir. Se corrió dentro a la vez que giraba la cabeza y besaba a Sam.
Apoyó la frente sobre la de Sam y le miró a los ojos... sonrió, pues no había miedo, ni temor, ni reproche, sólo amor. Una sonrisa divertida se formó en su cara.
-Te quiero... –susurró con los labios a escasos centímetros de los de Sam. Todavía estaba dentro, pero al hacer el intento de salir Sam apretó las piernas en su cintura impidiéndoselo.
-Yo también a ti... –dijo Sam antes de besarlo.
-Pero... me las vas a pagar... por mentirme por teléfono... –dijo John con voz autoritaria. Le agarró las muñecas y las colocó encima de su cabeza.
FIN
Titulo: “
Nada es imposible”Clasificación: Todo Publico
Resumen: prácticamente es la vida de John
Cuando la conoció creyó que ella nunca se fijaría en el.
“nada es imposible”
Después de mucho pensarlo, se atrevió a pedirle que saliera con él. Y para su sorpresa, ella dijo que sí. Lo pasaron muy bien, tiempo después él le pidió que fueran novios, creyó que le diría que no.
“nada es imposible”
Aun no podía creérselo, simplemente dijo:
- ¿quieres ser mi novia?-
A lo que ella respondió:
-Si-
Un par de años después comenzó a pensar en pedirle matrimonio, pero sabía que no era probable que aceptara, porque alguien como Mary dejaría la gran vida que tenia para estar con alguien como él.
“nada es imposible”
Un día tomo todo su valor y le pidió que se casara con él, Mary se sorprendió, no dijo nada, John lo entendió, era un no, se dio la vuelta y apenas dio el primer paso para alejarse de ahí, escucho que Mary respondía:
- Sí, quiero casarme contigo-
Regreso a su lado y le dio un dulce beso.
Meses después se casaron en una ceremonia pequeña, sencilla, pero perfecta para ambos.
Cuando pensó que su felicidad no podría aumentar llegaron dos pequeñas criaturas que los colmaron de felicidad.
Pero un día todo cambio, el estaba viendo televisión, de pronto se durmió y despertó al escuchar el grito de su esposa, corrió hasta el cuarto del pequeño Sammy, todo parecía normal, pero al voltear su mirada hacia arriba vio algo que jamás olvidaría, vio a su Mary, en el techo sangrando del vientre, trato de hacer algo pero en ese momento vio claramente como rápidamente ardía en llamas. No pudo hacer nada, no pudo salvarla, solo pudo sacar de ahí a sus hijos.
Desde ese día se dedico a buscar una explicación a lo que había pasado, adentrándose en un oscuro mundo que no sabía que pudiera existir, comenzó a cazar todo tipo de cosas que amenazaban a las personas. Sus hijos pronto crecieron y se hicieron parte del negocio familiar.
Peleaba constantemente con Sam, hasta que un día en una de esas peleas, el menor decidió que ya estaba cansado de todo, no quería ese tipo de vida para el, se marchaba a la universidad.
A pesar de todas las cosas que John le dijo, nunca dejo de quererlo, era su hijo a final de cuentas.
Tiempo después se reencontró con sus hijos, supo que la novia de Sam había muerto en las mismas condiciones que Mary.
Cuando creía que nada peor le podía suceder, al ir a buscar al demonio que le robo al amor de su vida, tuvieron un accidente, en el que Dean quedo muy grave, los doctores decían que no era probable que sobreviviera, así que hizo lo que podía para salvarlo, invoco al demonio y ofreció su vida para que su hijo estuviera bien.
Cuando Mary murió pensó que jamás la volvería a ver.
“nada es imposible”
Cuando su alma abandono su cuerpo, vio una figura femenina vestida de blanco que decía su nombre, la figura comenzó a acercarse a él y pudo reconocerla, era Mary, se veía más hermosa que nunca, la beso y tomo su mano al tiempo que empezaban a caminar hacia una luz blanca.
Pos nada señoras juezas, cuando quieran....Hagan su magia.